DIARIO DE UNA RUNNER

2 de enero 2017. San Silvestre

unnamed-6.jpgHace tiempo Pablo Marín, el entrenador con el que aprendí a correr, me dijo que todos los deportes eran complementarios. Para correr no solo había que correr; tener las piernas firmes, los músculos sanos y el corazón fuerte era fundamental.

Este 2016 ha sido un año de hacer mucho deporte en general, pero de correr muy poco. Primero fue la gira, luego el calor del verano, luego la gira otra vez, el frío y el miedo a ponerme enferma… y al final posponía la carrera siempre que podía e ir al gimnasio me resultaba más cómodo. Cambié el running por máquinas, yoga y un saco de boxeo.

Aunque apenas había pisado las calles este 2016 había una cita anual que no pensaba perderme: San Silvestre. Un año más, quería pasar la nochevieja corriendo. Los últimos quince días apreté las tuercas y retomé las recomendaciones de Pablo para correr 10 km.

No es lo ideal, pero si no tienes tiempo para prepararla la carrera con meses de planificación y tienes que concentrarlo en quince días saber lo que se hace es fundamental. Sin forzar, combinando intensidades y duraciones y, sobre todo, teniendo en cuenta que la carrera es para divertirse, no para hacer marca.

Y así hice.

 

Combiné rodajes largos muy suaves en los que iba ampliando la duración cada vez con entrenos con ritmos: tras un calentamiento corría 3 km a un ritmo rápido, intenso (sin llegar a mi límite) y continuado. La última semana afiné con unas series, un progresivo de 30 minutos (empiezas corriendo muy suave -a 7min el kilómetro- y acabas fuerte -a 5). Dos días antes de la carrera, reposo y el día de antes solo una carrera suave de 20 minutos para espabilar el cuerpo.

El resultado fue sorprendente.

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Ésta soy yo antes de la carrera

Tuvimos la suerte de correr, una vez más, en la Internacional. Sales más tarde, hay menos gente animando, si te descuidas no llegas a la cena de nochevieja, pero lo bueno es que hay poquita gente corriendo y puedes disfrutar sin empujones ni adelantamientos bruscos.

No tenía intención de sufrir. Quería hacerla a 5.50, tranquila, disfrutando de la Navidad, de volver a correr después de tiempo sin hacerlo y sin más pretensiones que pasarlo bien. Y acabé corriendo a 5.30 de media, sin esfuerzo, sonriendo durante toda la carrera y emocionada de ver cómo mi cuerpo respondía, cómo no había olvidado lo que era subir cuestas, cómo este año de hacer deporte me había dejado preparada para esta noche.

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Hubo un año en que conseguí hacer esta carrera en 52 minutos, pero nunca conseguí superarme. Al contrario. En las dos siguientes siempre he llegado cerca de la hora a meta. Jamás pensé que volvería a estar tan en forma como para bajar mi marca, pero las sensaciones en esta San Silvestre, el comprobar como un cuerpo fuerte puede con todo, me han motivado para seguir corriendo este año, para no tenerle miedo al frío o al calor, para volver a prepararme y seguir dando lo mejor de mí misma y, sobre todo, para seguir entrenando completamente, aprendiendo y recogiendo de cada deporte lo mejor para, al final, pasármelo siempre lo mejor posible.

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Ésta soy yo después de la carrera

 

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