Diario de una Runner

13 de octubre. Batiendo récords

Queda exactamente una semana para la Media Maratón de San Francisco.

Entre los entrenamientos programados, decidí hacer una carrera de 10 km para chequear mi estado físico. Cuando ya llevas unos meses entrenando, puedes comprobar cómo el tipo de entrenamiento varía en función de la distancia que te propongas correr. No tiene nada que ver prepararse un 5.000, que un 10.000 que una media o una maratón.

Yo no sabía nada de eso cuando empecé. Y tampoco pensé que habría mucha diferencia y que una vez te pones, te pones y vas hacia delante… Pero no es así.

Uno tiene que conocerse muy bien y saber dónde puede dar lo mejor de si mismo. Creo que en cada distancia uno puede retarse con un parámetro distinto y eso es otra de las cosas que me gusta de correr.

Mi objetivo estaba puesto en los 21 km que tengo que correr el domingo que viene, por eso no tenía muy claro cómo respondería mi cuerpo a una carrera de 10 km. Pero una de las cosas que también aprendes mientras entrenas es que aunque estés enfocando tus entrenamientos en un tipo de carrera con una distancia y una intensidad concreta, todo tu cuerpo mejora y se pone cada vez más en forma para cualquier tipo de reto que te pongas.

Y eso ha sido lo que ha sucedido hoy.

Recordaba perfectamente la hora justa que tardé en hacer mis primeros 10.000. Aquel primer #reto_Z que con tanto esfuerzo preparé durante los primeros meses de mi vida como corredora. Al empezar a correr hoy, mi objetivo era hacerlo en unos minutos menos de una hora. Empecé a correr ágil y fuerte, bajando el ritmo en las cuestas, apretando en las bajadas, controlando la respiración y persiguiendo casi sin querer al chico que llevaba la marca con el tiempo “55 minutos”. Veía tan sólo el globo sobresaliendo entre los corredores a unos 100 metros de mi. Aparecía y desaparecía, se alejaba y a veces conseguía acercarme, pero nunca superarlo. Tenía la sensación de que era una competición entre ese globo y yo y tenía que ganarle. Últimas energías en el tramo final y pisé la linea de meta a tan sólo unos metros por delante de él. Suficiente. Parando reloj. 54. 27 minutos.

Atrás quedo aquella marca del 20 abril, aquella primera carrera que hizo que me enganchara en esto de correr. Aquel momento fue así.

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Esta vez, el recorrido era más duro, había más cuestas, sin contar con la ayuda extra que fue correr en Barcelona a nivel del mar… Y aún así, corrí a una media de 5,27 min/km, mejoré mi marca en los 5.000 haciéndola en 26,24 minutos e hice mi kilómetro más rápido a 4,44 min/km.

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Queda mucho y sé que esto apenas es el comienzo, pero está siendo agradable descubrir de lo que es capaz mi cuerpo con esfuerzo y constancia.

Pero, sobre todo, lo que más me emociona, es no saber a dónde será capaz de llegar.

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