Diario de una Runner #bombers13

DIARIO DE UNA RUNNER

22 de abril 2013

Ayer sonó el despertador a las 8 menos cuarto de la mañana. Bajé a desayunar, volví a la habitación y mientras me duchaba pensaba en que lo que de verdad ha cambiado en mi vida gracias al Running, ha sido la constancia y la fuerza de voluntad que voy desarrollando. Por el tipo de vida que tengo encontrar una rutina es complicado, siempre hay algo amenazando con romperla y sin embargo, desde que salgo a correr hace dos meses y poco, nunca he abandonado un entrenamiento porque lloviera, hiciera mucho frío o nevara. Me propuse llegar hasta aquí con lo que eso conllevara y hasta allí he llegado, hasta una meta que se parece más a una línea de salida desde la que empezar a cuidar mi cuerpo y mi cabeza.

Porque si algo he aprendido con el Running es que la relación mente-cuerpo es alucinante. Desde el momento previo en el que tienes que decirte “vamos, nena, sal a correr no seas vaga, no te quedes en casa” y tu cuerpo responde, hasta cuando estás sintiendo la tierra bajo tus pies botando y todo tu cuerpo impulsándote un paso más y lo único que puedes pensar es en no ahogarte y convences a tu cuerpo de que no hay dolor, no hay cansancio, no hay metros. Pero lo que más me ha fascinado es que después de correr noto una relajación corporal evidente, pero sobre todo, mental, como un ReStart en mi cerebro que me hace funcionar y dormir mejor.

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Cuando empecé a correr me pregunté qué sentiría el día de la carrera, qué pensaría durante esos 10.000 inacabables metros… Fue sorprendente ver como durante los 7 primeros kilómetros no pensé en nada, sólo respiraba, miraba mi pulsómetro, controlaba mi velocidad… Si algo he aprendido corriendo es a dosificarme, guardar energía para el final y durante 8 kilómetros sentí como mi cuerpo respondía felizmente a estos meses de entreno. Oía la gente a mi alrededor y sentía la fuerza del momento, otra zancada, concéntrate en la respiración, en tus pies, los hombros relajados, un paso más y 2 km para el final.

Me da pena porque me sentía fuerte y con energía. Había guardado para el momento final y justo ahí tuve uno de mis famosos ataques de flato que me hizo perder un kilómetro en el que bajé el ritmo sin remedio. Durante ese kilómetro me decía, venga, ya está, lo has hecho genial hasta aquí, no pasa nada, intenta no pararte, vamos… Pero conforme sentía mi cuerpo rendirse ante el dolor más me oía decir has llegado hasta aquí y puedes más, tienes energía, no hay flato, no hay dolor, no hay nada, llevas entrenando dos meses para esto y lo vas a hacer, Y fue ahí cuando mi cuerpo me escuchó y empezó a acelerar, el dolor no tuvo más remedio que esconderse y logré hacer el último kilómetro más rápido de toda la carrera. Crucé la meta a 4.47 en una hora un segundo exactos.

Creo que todas las personas deberían correr una carrera alguna vez en su vida. De 5 km, de 10… Lo que se sientan preparados. Si yo he podido, sé que cualquiera puede. La satisfacción de mejorar día a día, de seguir aún cuando no puedes más, sentir la energía de una masa que se mueve al mismo ritmo que tú por las calles del centro de una ciudad preciosa esperando a que las recorras genera una sensación tan poderosa y aporta tanta energía que no se parece a nada que haya experimentado antes.

Entiendo ahora a aquellos que me dijeron “¿empiezas a correr?, cuidado que engancha”

 
 
 
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